
Cada año celebramos el 14 de febrero pensando en parejas, flores y romanticismo. Sin embargo, hay un vínculo igual de poderoso —y científicamente más protector de lo que imaginamos— que suele pasar desapercibido: la amistad.
Desde la psiquiatría hoy sabemos que los amigos no solo acompañan. También funcionan como medicina preventiva para el cerebro.
La evidencia es clara. Investigaciones en salud mental publicadas en JAMA Psychiatry, The Lancet Psychiatry y reportes de la American Psychological Association (2022–2024) muestran que el apoyo social estable reduce el cortisol —hormona del estrés—, mejora la regulación emocional y fortalece la conectividad entre la amígdala (alarma emocional) y la corteza prefrontal (toma de decisiones).
En términos simples: cuando nos sentimos acompañados, el cerebro se siente seguro.
Ese “sentirse seguro” no es solo emocional. Es biológico. La interacción positiva libera oxitocina, dopamina y serotonina, neurotransmisores relacionados con confianza, motivación y bienestar. Estas sustancias mejoran el sueño, la memoria y la concentración.
Por eso las personas con redes sociales sólidas presentan menor riesgo de depresión, ansiedad y agotamiento emocional.
Y esto se vuelve especialmente importante en el trabajo.
Pasamos más horas con compañeros laborales que con muchas personas de nuestra familia. Las amistades sanas en el entorno profesional actúan como un factor protector frente al estrés ocupacional. Estudios de salud organizacional muestran que empleados con vínculos positivos presentan:
✔ menor ausentismo
✔ mayor productividad
✔ mejor toma de decisiones
✔ menos conflictos interpersonales
✔ menor riesgo de burnout
No es casualidad. El cerebro rinde mejor cuando se siente apoyado.
Desde mi práctica clínica observo que quienes cuentan con un compañero de confianza en el trabajo toleran mejor la presión, manejan mejor los errores y se recuperan más rápido de crisis emocionales. La soledad laboral, en cambio, aumenta irritabilidad, ansiedad y agotamiento.
Este 2026 debemos replantear nuestras prioridades. No basta con cumplir metas económicas o laborales. La salud mental depende de vínculos reales.
Algunas acciones sencillas pueden marcar la diferencia:
Y aquí es importante romper un estigma cultural que aún persiste: acudir al psiquiatra no es “estar loco”. Es prevención, orientación y cuidado integral del cerebro. Así como revisamos el corazón o la presión arterial, debemos revisar nuestra salud emocional.
La amistad protege, regula y fortalece. Es una forma silenciosa de tratamiento.
Porque nadie prospera solo.
En Santo Domingo, contar con atención psiquiátrica especializada, con experiencia en neuropsicología clínica, rehabilitación neurocognitiva y alta gerencia, permite a las familias dominicanas —y también a los turistas que nos visitan— acceder a un acompañamiento profesional, humano y científico en los momentos más cruciales.
Cuidar la mente es el mejor regalo que podemos hacernos este 14 de febrero. Después de todo, la verdadera salud también se construye en compañía.