El universo de Bridgerton vuelve a escena este 26 de febrero con el estreno de la segunda parte de su cuarta temporada en Netflix, centrando la historia en Benedict Bridgerton, interpretado por Luke Thompson, y en Sophie, personaje al que da vida Yerin Ha. La trama retoma el tono romántico con guiños a Cenicienta, donde el amor desafía las barreras sociales.
Sin embargo, como ya es costumbre, la versión televisiva toma distancia de la novela original, Te doy mi corazón —tercer libro de la saga escrita por Julia Quinn— y presenta cambios significativos.
Uno de los ajustes más comentados es el personaje de Sophie. En los libros es descrita como una joven blanca, rubia y de ojos verdes, mientras que la serie apuesta por una versión más diversa. Incluso su apellido cambia de Beckett a Baek, en línea con la intención de actualizar la historia ambientada en la Regencia con una mirada más inclusiva.
También hay diferencias marcadas en la personalidad de Benedict. En las novelas, su perfil es más introspectivo y artístico, centrado en un romance profundo y menos escandaloso. En la adaptación, en cambio, su vida amorosa es más intensa y explícita, mostrando una faceta mucho más liberal que no domina su arco literario.
El manejo del tiempo es otro punto clave. En el libro transcurren dos años entre el primer encuentro en el baile de máscaras y el reencuentro posterior. La serie acorta y reconfigura estos eventos, incluyendo una propuesta que, aunque existe en la novela —y da sentido al título original An Offer From a Gentleman—, se desarrolla en circunstancias distintas.
Por último, la identidad de Lady Whistledown también cambia de peso narrativo. En los libros, su secreto se revela más adelante y con menor impacto político. En la pantalla, en cambio, se convierte en pieza central del drama y su influencia alcanza incluso a la reina, personaje creado exclusivamente para la serie.
Así, mientras los fans celebran el regreso de los Bridgerton, el debate entre fidelidad literaria y libertad creativa vuelve a estar sobre la mesa. Y como siempre, el romance sigue siendo el gran protagonista.