En medio de la guerra en Oriente Medio, que provoca un aumento récord de los precios de los combustibles, China ha incrementado las exportaciones de sus vehículos eléctricos. Según Bloomberg, los envíos al extranjero se dispararon un 140 % respecto al año anterior, hasta alcanzar las 349.000 unidades.
Dicho crecimiento es comprensible. Los consumidores miran con interés hacia los autos eléctricos para protegerse de los bruscos aumentos del precio del combustible.
El continente europeo, una de las regiones más afectadas por la crisis, corre el riesgo de sufrir un fuerte impacto en su industria, tras años de intentos por frenar la entrada de vehículos chinos en su mercado.
No obstante, el impacto podría extenderse no solo al Viejo Continente, sino también a una de las partes implicadas en el conflicto: Estados Unidos, donde Donald Trump también ha mostrado desconfianza hacia la industria automotriz china.
Europa pierde la competencia
Los fabricantes chinos consolidan rápidamente su posición en Europa. Las importaciones de automóviles fabricados en China a la Unión Europea en 2025 ascendieron un 30,7 % con respecto al año anterior, hasta alcanzar los 1.006 millones de vehículos, según un informe publicado en abril por la Asociación de Fabricantes de Automóviles de Europa.
El reporte resalta la creciente competitividad de las marcas chinas, especialmente en los modelos eléctricos e híbridos. China incluso superó en ventas a sus competidores de Japón y Corea del Sur. Aunque aún no se conocen las cifras del impacto de la crisis en el Golfo Pérsico sobre estos indicadores, la tendencia apunta a un aumento de la cuota de mercado de los vehículos chinos.
Las autoridades europeas llevan tiempo mostrando su preocupación. En 2024, la Unión Europea introdujo aranceles de hasta el 35,3 % para los vehículos eléctricos chinos, a los que se suma una tasa estándar del 10 %. Sin embargo, dado el fuerte crecimiento de las ventas, estas medidas no parecen haber surtido el efecto deseado.
A la par, los fabricantes europeos hacen todo lo posible por mantener sus posiciones en China, que ha sido un mercado clave para sus productos. Según el informe, las exportaciones de automóviles de la UE a China se redujeron el año pasado un 43 % en valor, hasta los 8.300 millones de euros (9.700 millones de dólares), mientras que el volumen de envíos cayó un 42,8 %, hasta las 159.743 unidades.
En este contexto, Donald Trump indicó los problemas de sus socios europeos en una entrevista reciente. «Están arruinando a Europa, porque están quitándole mucho negocio a Mercedes y BMW, etcétera. En nuestro país no tenemos ningún coche chino, porque habrían acabado con General Motors y Ford«, afirmó. El mandatario recordó además que puso «un arancel del 100 % a los coches chinos». «No tenemos ni un solo coche chino en todo el país«, añadió.
En tanto, Trump podría estar subestimando la situación. En el marco del acuerdo comercial firmado en enero con Pekín, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, acordó rebajar del 100 % al 6,1 %, durante el primer año de vigencia del pacto, los aranceles que gravaban 49,000 vehículos eléctricos chinos. La cuota aumentaría hasta 70,000 unidades anuales en 2030. Además, el gobierno de Carney ha expresado su interés en crear empresas conjuntas con fabricantes chinos.
Dado el pequeño tamaño del mercado canadiense, las expectativas del primer ministro parecen centrarse en la exportación de esos vehículos.
«Los canadienses son bienvenidos a visitar Estados Unidos en sus nuevos [vehículos eléctricos] chinos, pero si creen que van a venderlos aquí, eso no va a suceder«, reveló a The Hill el embajador de Estados Unidos en Ottawa, Pete Hoekstra.
Teniendo en cuenta que los aranceles europeos no lograron frenar el flujo de automóviles chinos, EE.UU. decidió tomar medidas preventivas. La norma de enero de 2025 de Joe Biden prohíbe el uso de componentes y programas informáticos chinos y rusos en los vehículos.
Sin embargo, los automóviles chinos aún pueden ingresar al mercado estadounidense, algo que el propio Trump ha admitido. En enero, el presidente dijo ante el Club Económico de Detroit que está dispuesto a permitirles construir fábricas en Estados Unidos. Por su parte, Ford ha dado a entender que estaría dispuesta a formar una empresa conjunta con una compañía automotriz china.
“Su precio [el de los autos chinos] y la calidad de sus vehículos son muy superiores a lo que veo en Occidente. Estamos en una competencia global con China, y no se trata solo de los vehículos eléctricos. Y si perdemos esto, no tenemos futuro en Ford”, declaró el año pasado Jim Farley, director ejecutivo de Ford.
Si bien los fabricantes estadounidenses han superado en más de una ocasión a la competencia japonesa y de otros países, la industria china podría convertirse en un desafío insuperable.