
Por: Oliver Roosevelt
Cada año, en algún momento del invierno, el término “Ciclón Bomba”, acapara numerosos medios nacionales e internacionales. También se le conoce por otros nombres, como: Bomba meteorológica, ciclogénesis explosiva, desarrollo explosivo, bombogénesis y borrasca explosiva. El solo hecho de mencionar uno de esos términos, es motivo hasta de pánico para miles de personas durante la temporada invernal. Lo que muchos ignoran, es que los mismos, vienen utilizándose desde las décadas de 1940 y 1950 por meteorólogos de la Escuela de Meteorología de Bergen, en Noruega, aumentando su popularidad, a partir del 1970.
Un ciclón bomba, es un tipo de tormenta asociada a una zona de baja presión (área de tiempo inestable con vientos en forma de espiral), que se origina en latitudes medias del planeta. Lo que caracteriza principalmente a estos fenómenos, es que presentan una caída de presión abrupta, de al menos 24 milibares en tan solo un día, a la vez que pueden dejar fuertes lluvias, nevadas extremas, vientos con fuerza de huracán (de hasta 120 a 155 km/h), granizo y temperaturas por debajo del punto de congelación.
Sobre la región ártica, existe el denominado “Vórtice Polar”, una zona de bajas presiones situada en la parte alta de la tropósfera y la estratósfera (las dos capas más superficiales de la atmósfera). Posee vientos arremolinados moviéndose a gran velocidad (hasta 300 y 400 km/h), y dentro del mismo, el aire gélido del polo norte y zonas circundantes se mantiene confinado. En ocasiones, este gran anillo de vientos se debilita y presenta grandes ondulaciones, lo que desencadena su colapso temporal, dejando el aire polar, que regularmente entre los meses de enero a febrero tiene temperaturas que oscilan entre -30 y -40 grados Fahrenheit (34 a 40 Celsius bajo cero), se escape hacia latitudes mucho más al sur.
Posterior al quiebre del vórtice polar, es preciso que existan tres ingredientes esenciales en las condiciones atmosféricas para la aparición de la ciclogénesis explosiva. Primero, una gran masa de aire ártico, debe migrar hacia áreas más al sur, por ejemplo, hacia Canadá y Estados Unidos. Una vez allí, ese aire extremadamente frío y seco, tiene que encontrarse con otra masa extensa de aire cálido y húmedo, interacción que, a su vez, da lugar a una intensa batalla entre ambas, por las diferencias de temperaturas y presiones. Como el aire frío es más denso, se introduce velozmente por debajo del aire cálido, obligándolo a ascender y condensarse, formando así, imponentes áreas de nubosidad y precipitación, alimentando a la tormenta.
Aunque la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), no emite pronósticos sobre el desarrollo de bombas meteorológicas, como lo hace con los ciclones tropicales, se sabe que, durante cada época invernal en el Atlántico y Pacífico, al menos uno o varios ciclones bomba llegan a consolidarse, afectando países como: Canadá, Estados Unidos, el continente europeo, entre otros. También, es importante señalar que, indirectamente, estos sistemas meteorológicos llegan a impactar en determinadas ocasiones a la República Dominicana y gran parte del Caribe, tal y como ocurrió en febrero de 2026, ya que, de estos potentes sistemas de baja presión, se desprenden bandas alargadas de tiempo perturbado, conocidas como “frentes fríos”, que pueden medir hasta miles de kilómetros de largo y propiciar precipitaciones, descenso en la temperatura y oleaje peligroso a su paso.
Podemos decir, en cierto modo, que el proceso de intensificación rápida de los ciclones bomba, es parecido al Proceso de Rápida Intensificación de los ciclones tropicales, solo que, en el caso de los sistemas tropicales, la caída de presión en 24 horas debe ser de por lo menos 42 a 50 milibares, y que los mismos, no tienen frentes adheridos. Otro factor que caracteriza las bombas meteorológicas, es su desplazamiento (de 16 a 24 km/h), aunque frecuentemente, puede ser muchísimo mayor. Hay que resaltar que, las masas de aire ártico asociadas a la ciclogénesis explosiva, pueden recorrer distancias de hasta 1600 km en tan solo un día, en especial, si no hay grandes montañas en su trayecto.
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