Hoy, lunes, un buen día para comenzar con esta práctica. esta es una lámpara de aceite, permítanme encenderla, mientras formulo la siguiente pregunta.
¿Cuánto tiempo crees que te queda de vida?
Tu tiempo en esta tierra es como una lámpara de aceite. la excitación es la llama y tu vida es el aceite. cuanta más excitación experimentes, más deprisa se consumirá el aceite ¿que prefieres, gozar durante un corto o largo tiempo?
cuando llevamos una vida de excesos, derroche, despilfarro gastamos sin necesidad nuestro aceite.
Cuando nos llenamos de temor ante la posibilidad de perder lo que tenemos consumimos nuestro aceite.
¿Entonces no es recomendable la excitación? porque de lo contrario, la vida perdería su encanto? . aquí lo importante es como siempre el equilibrio, porque esa excitación neurológica crea una activación general fisiológica y psicológica que de mantenerse de manera continua provocará trastornos indeseados, acortando nuestra existencia.
Es cierto, obedecemos a la ley de la impermanencia, toda nuestra realidad interna y el mundo que conocemos está en un estado de cambio permanente. porque nada perdura, todo se destruye, todo cambia. es una ley universal inevitable.
Y es aquí que algunos se confunden y se dicen… pues si todo va a terminar, entonces, hay que vivirlo con la mayor excitación posible, tragarse el mundo de un solo bocado.
Volvamos a la lámpara… ¿cual es la necesidad de subirle la llama si nos basta y sobra con esa luz que recibimos? ¿Cuál es la necesidad de acelerar el motor de nuestro vehículo a su máxima capacidad y destruir vidas inocentes?
¿Cuál es la necesidad de embriagarnos, pasarnos de tragos, de tiempo, de contentos? lo único que se consigue con ese exceso, esa excitación, esa llama fuera de control… es malgastar nuestro aceite, nuestra vida.
y volviendo a la pregunta inicial
¿Cuánto aceite nos queda? no lo sabemos, con más razón para utilizar nuestra inteligencia y administrarlo de la mejor manera posible, porque algún día que puede ser lejano o muy cercano ese aceite se agotara y ya no podremos alumbrarnos, entraremos para siempre a ese cuarto oscuro… porque la llama se habrá apagado.