Un video que circuló ampliamente por internet mostraba recientemente al líder de una banda haitiana, Joseph Wilson, sin camisa, quien exhibía alegremente cinturones de munición del calibre .50, mientras afirmaba de forma burlona que utilizaba las balas perforantes para arreglarse el pelo.
“Tenemos suficientes peines para el pelo para un año”, bromeó.
Pero, ¿cómo las consiguió?
En Haití no se fabrican armas y su envío es ilegal, pero a las bandas que aterrorizan la capital del país, Puerto Príncipe, parece nunca faltarles armas, ni munición.
Los expertos calculan que en Puerto Príncipe operan unos 20 grupos armados, algunos de los cuales llevan rifles de asalto AR-15 y Galil, escopetas y pistolas Glock. La ONU calcula que en Haití circulan ilegalmente entre 270.000 y 500.000 armas de fuego, la mayoría en manos de bandas.
Su potencia de fuego superior ha abrumado a las escasas filas de la mal equipada policía haitiana y ha contribuido a un asombroso número de víctimas de más de 5600 homicidios el año pasado, un aumento de más de 1000 respecto al año anterior.
Las Naciones Unidas impusieron un embargo de armas a Haití hace tres años, pero la mayoría de las armas que circulan por las calles del país proceden de Estados Unidos, donde las adquieren compradores testaferros y las introducen de contrabando en el país por mar o a veces por tierra, a través de República Dominicana, según las Naciones Unidas.
El problema ha llegado a ser tan grave que el gobierno de Haití ha restringido las importaciones a lo largo de su frontera terrestre con República Dominicana. Solo se permiten los bienes producidos originariamente allí; cualquier producto que no proceda de República Dominicana tiene que entrar a través de los puertos marítimos de Haití, infestados de bandas.
Mientras la capital de Haití se enfrenta a una crisis violenta que amenaza su propia existencia, persisten las dudas sobre si Haití y otras naciones —incluido Estados Unidos— están haciendo lo suficiente para controlar la marea de armas.
“Si detienes el flujo de armas y balas, las bandas acaban, literalmente, quedándose sin munición”, dijo Bill O’Neill, experto independiente en derechos humanos de la ONU para Haití. “Es una forma más rápida y segura de desmantelarlas”.
Haití dispone de pocos recursos, como escáneres y guardias fronterizos, para abordar el problema del contrabando de armas de fuego en sus fronteras y puertos, mientras que los expertos afirman que Estados Unidos tiene una capacidad limitada para registrar las mercancías exportadas en los puertos nacionales y suele realizar solo inspecciones aleatorias de la carga.
Los barcos que zarpan hacia Haití desde Estados Unidos suelen estar repletos de carga variada, desde ropa de segunda mano hasta electrodomésticos, bicicletas y automóviles, lo que facilita ocultar el contrabando.
En un caso, las armas desmontadas descubiertas a bordo de un carguero en el río Miami con destino a Haití estaban ocultas en cargamentos que incluían raquetas de tenis, jugo de fruta, arroz y ropa.
“Aparecemos sin previo aviso”, dijo Anthony Hernández, agente de Aduanas y Protección Fronteriza, quien testificó en el juicio federal celebrado en Miami en enero contra una persona acusada de contrabando. “Hacemos todo lo posible por llegar a todo lo que podemos”.
Las autoridades policiales de Haití no respondieron a las repetidas solicitudes de comentarios.
En República Dominicana, Estados Unidos apoya a una unidad especial de 30 agentes de aduanas locales, y otros 20 están siendo investigados para trabajar en casos relacionados con Estados Unidos.
Las autoridades han reforzado los controles, incluida la instalación de ocho nuevos escáneres de rayos X en los principales puertos, donde se examina toda la carga destinada a Haití, dijo el Ministerio de Relaciones Exteriores dominicano.
Los funcionarios de aduanas dominicanos rastrean todos los cargamentos sospechosos para atrapar y procesar a los traficantes, dijo un representante de la embajada estadounidense que no estaba autorizado a hablar en público, cuestionando si República Dominicana era una fuente importante de armas ilegales para Haití.
Las autoridades aduaneras dominicanas remitieron las preguntas a los fiscales, quienes declinaron hacer comentarios.
Los críticos afirman que no se hace lo suficiente para regular la venta de armas en Estados Unidos a compradores testaferros, una práctica ilegal en la que la gente compra armas en nombre de otra persona, incluidos los traficantes. Esta práctica es responsable de un gran número de las armas que acaban utilizándose en crímenes en México y en toda América Latina.
Los vendedores suelen ignorar los patrones de compra fácilmente detectables de los traficantes de armas que se hacen pasar por clientes legítimos y compran repetidamente varias armas, afirman los expertos.
“Ahí es donde se puede detener esto”, dijo Jonathan Lowy, fundador de Global Action on Gun Violence. “Es muy difícil detenerlo una vez que las armas están en manos del traficante. Se pueden desarmar y meter en una caja de cereal para el desayuno o de jugos de fruta”.