
La vejez no es una enfermedad. Es una etapa natural de la vida caracterizada por cambios biológicos, psicológicos y sociales que requieren comprensión, adaptación y apoyo. Sin embargo, en una cultura que valora la productividad, la rapidez y la juventud, muchas personas mayores enfrentan discriminación, soledad y pérdida de su papel dentro de la familia y la sociedad.
El Día Mundial contra el Abuso y Maltrato en la Vejez, celebrado cada 15 de junio, busca crear conciencia sobre una problemática que afecta a millones de personas. Según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente una de cada seis personas mayores de 60 años ha sufrido algún tipo de maltrato, incluyendo abuso emocional, negligencia, explotación financiera o violencia física.
Desde el punto de vista neurológico, el envejecimiento produce cambios normales en el cerebro relacionados con la velocidad de procesamiento, la memoria reciente y la atención. Sin embargo, cuando estos cambios son excesivos o progresivos pueden indicar enfermedades como Alzheimer, enfermedad de Parkinson, demencia vascular o demencia por cuerpos de Lewy.
Los síntomas que deben llamar la atención incluyen olvidos frecuentes que afectan la vida diaria, desorientación, cambios de personalidad, aislamiento social, alteraciones del sueño, tristeza persistente, irritabilidad o pérdida de interés por actividades previamente placenteras. Estas condiciones no forman parte normal del envejecimiento y requieren evaluación profesional.
A nivel bioquímico, diversos estudios han demostrado que la inflamación cerebral, el estrés oxidativo, las alteraciones vasculares y la acumulación de proteínas anormales pueden contribuir al deterioro cognitivo. Actualmente, las técnicas diagnósticas incluyen evaluaciones neuropsicológicas, resonancia magnética cerebral, biomarcadores sanguíneos y estudios especializados que permiten detectar enfermedades neurodegenerativas en etapas más tempranas.
Sociológicamente, la vejez enfrenta nuevos desafíos. Las familias son más pequeñas, existe mayor migración, las jornadas laborales son más extensas y muchas personas mayores pasan largos períodos solas. Esto aumenta el riesgo de depresión, ansiedad y deterioro cognitivo. Las mujeres suelen verse más afectadas debido a su mayor esperanza de vida y a que con frecuencia enfrentan viudez, dependencia económica o aislamiento social. Los hombres, por su parte, suelen experimentar mayores dificultades para adaptarse a la jubilación y a la pérdida de roles laborales tradicionales.

¿Cómo podemos ayudar? La evidencia científica recomienda mantener una comunicación frecuente, fomentar la participación social, estimular la actividad física, promover ejercicios cognitivos, respetar la autonomía del adulto mayor y validar sus experiencias de vida. Escuchar, acompañar y hacer sentir útil a una persona mayor puede ser tan importante como cualquier tratamiento médico.
La familia desempeña un papel fundamental. Comprender que algunos cambios conductuales pueden ser consecuencia de enfermedades neurológicas o trastornos emocionales ayuda a reducir conflictos y mejorar la convivencia. La paciencia, la educación y el apoyo emocional siguen siendo herramientas terapéuticas poderosas.
La evaluación temprana por un psiquiatra puede marcar una diferencia significativa en la calidad de vida. En Santo Domingo contar con un psiquiatra con experiencia en neuropsicología clínica, rehabilitación neurocognitiva y alta gerencia permite a las familias dominicanas y a los turistas que nos visitan acceder a una atención integral, orientada a preservar la independencia, el bienestar emocional y la salud cerebral.
Una sociedad verdaderamente avanzada no se mide por cómo trata a los más fuertes, sino por cómo cuida a quienes más apoyo necesitan. Envejecer debería ser sinónimo de experiencia, dignidad y respeto, no de abandono o sufrimiento. Todos aspiramos a llegar a esa etapa de la vida. La pregunta es sencilla: ¿cómo nos gustaría ser tratados cuando llegue nuestro momento? Cuidar la salud mental de nuestros adultos mayores es un acto de humanidad, amor y responsabilidad colectiva. Porque la salud mental es para todos y siempre debe ser lo primero.