
1 Arthur, 2 Bertha, 3 Cristobal, 4 Dolly, 5 Edouard, 6 Fay, 7 Gonzalo, 8 Hanna, 9 Isaias, 10 Josephine, 11 Kyle, 12 Leah, 13 Marco, 14 Nana, 15 Omar, 16 Paulette, 17 Rene, 18 Sally, 19 Teddy, 20 Vicky, 21 Wilfred.
La OMM coordina la asignación de nombres cortos y sencillos a los ciclones mediante comités especializados. Se utilizan listas de 21 nombres alfabéticos de género masculino y femenino alternados y que se repiten cada seis años; no obstante, los nombres de tormentas catastróficas se eliminan permanentemente. Esta medida busca evitar confusiones en los archivos meteorológicos y mostrar respeto ante la magnitud de los daños causados.
Este sistema optimiza la comunicación entre los servicios meteorológicos y el público al minimizar errores en las alertas, una ventaja crucial cuando coinciden varias tormentas en una misma cuenca. La evolución de esta práctica ha sido notable: antes de 1953, los ciclones se bautizaban según el santoral (como el huracán Santa Ana en 1825) o por coordenadas geográficas, métodos que generaban confusión. A partir de ese año, el Centro Nacional de Huracanes introdujo listas alfabéticas de nombres exclusivamente femeninos, esquema que permaneció vigente hasta 1977.
Entre 1978 y 1979, el sistema de nomenclatura de tormentas se consolidó incluyendo nombres masculinos y femeninos en español, inglés y francés. Este ajuste, coordinado por la Organización Meteorológica Mundial, respondió a las demandas de movimientos sociales que rechazaban el uso exclusivo de nombres de mujer. Los grupos denunciaban el sesgo sexista de asociar la «impredictibilidad» de los fenómenos naturales con estereotipos femeninos, logrando así un método más equitativo y representativo de la diversidad regional.