Se cumple medio siglo del estreno del primero de los tres films de la saga de Francis Ford Cóppola. Las presiones de la Cosa Nostra. El temor de un actor. Y cómo la película influyó en la conducta de los gángsters.
Es muy conocido el dato que en El Padrino, clásico del que se cumplen cincuenta años de su estreno, no se pronuncia la palabra Mafia. Eso no ocurrió por una decisión artística de Coppola ni para evitar lo obvio, para poner en práctica una ligera elipsis o evitar una obviedad. Tampoco el director tenía en la cabeza la frase de Borges que sostiene que “en el Corán no hay camellos, no hacen falta”. Su ausencia tuvo motivaciones algo más profanas.
Joe Colombo se dedicaba a los negocios inmobiliarios. O al menos eso era lo que decía. En realidad era un capo de la mafia de Nueva York, líder de una de las cinco familias más importantes. A fines de los años sesenta y principios de los setenta, ganó relevancia, al aprovechar el encarcelamiento de alguno de los otros jefes y gracias a su osadía. Al contrario que el resto y por ende oponiéndose a lo que indica la lógica para quienes se dedican a lo ilícito, Colombo disfrutaba de tener un perfil alto. Le gustaba la notoriedad, buscaba los flashes, lo entusiasmaba atraer la atención de los medios hacia él.
Una de las maneras de hacerlo fue la de crear y agenciarse la presidencia de la Liga Ítalo Americana de Derechos Civiles. Llegó a tener 45.000 miembros. Colombo luchaba para eliminar de los medios, en especial de la TV, los estereotipos contra los italianos. Logró, entre otras cosas, que fuera levantada una publicidad de Alka Seltzer y que no se nombrara a la mafia en diversas series.
El padrino, la novela de Mario Puzo era un fenomenal best seller. Por lo tanto su adaptación cinematográfica generaba mucho interés. Colombo comenzó a presionar a través de declaraciones en los diarios y por mensajes privados menos sutiles al estudio para que la película no perjudicara la imagen de los italianos.
Fuente: infobae