7 Julio 2026

Heridas que no se ven

Algunas personas sobreviven a experiencias dolorosas, pero su cerebro continúa viviendo en peligro. El trauma no siempre termina cuando el evento acaba; a veces permanece oculto durante años, afectando la vida, la familia y el futuro.

Teleuniverso

El Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT), una condición de salud mental que afecta a millones de personas en todo el mundo. Aunque suele asociarse a guerras o desastres naturales, también puede desarrollarse después de accidentes, violencia doméstica, abuso sexual, maltrato infantil, pérdidas traumáticas o situaciones prolongadas de amenaza.

El TEPT es una patología reconocida por la psiquiatría moderna. Cuando el trauma es repetitivo o ocurre durante largos períodos, especialmente en la infancia o adolescencia, puede evolucionar hacia lo que los especialistas denominan Trauma Complejo, una condición que afecta profundamente la identidad, las relaciones y la regulación emocional.

Los síntomas más frecuentes incluyen recuerdos invasivos, pesadillas, hipervigilancia, sobresaltos exagerados, ansiedad persistente, insomnio, irritabilidad, dificultades de concentración y evitación de lugares o situaciones relacionadas con el evento traumático. Muchas personas también experimentan sentimientos de culpa, vergüenza, desconexión emocional o sensación permanente de peligro.

Desde la neurociencia, se ha demostrado que el trauma altera estructuras cerebrales clave. La amígdala cerebral —encargada de detectar amenazas— permanece hiperactiva, mientras que áreas como el hipocampo y la corteza prefrontal pueden presentar alteraciones funcionales. Además, se observan cambios en neurotransmisores relacionados con el estrés, como cortisol, noradrenalina y serotonina.

En adolescentes, el trauma puede afectar el desarrollo emocional, académico y social. Muchos presentan problemas de conducta, aislamiento, bajo rendimiento escolar, impulsividad o consumo de sustancias. Sociológicamente, estas dificultades pueden limitar oportunidades educativas, laborales y de integración social durante la vida adulta.

Las mujeres tienen aproximadamente el doble de riesgo de desarrollar TEPT que los hombres, especialmente después de experiencias de violencia interpersonal. En los hombres, sin embargo, es más frecuente observar manifestaciones indirectas como agresividad, abuso de alcohol, conductas de riesgo o dificultades para expresar emociones.

El impacto familiar y laboral es considerable. Las personas con trauma no tratado pueden experimentar conflictos de pareja, dificultades en la crianza de los hijos, ausentismo laboral, disminución de productividad y problemas para mantener relaciones estables. Estudios recientes también han demostrado que el trauma crónico aumenta el riesgo de depresión, ansiedad, enfermedades cardiovasculares y deterioro cognitivo.

Trauma invisible, superar experiencias dolorosas es posible.

Actualmente, el diagnóstico se realiza mediante evaluación psiquiátrica especializada, entrevistas clínicas estructuradas, pruebas neuropsicológicas y escalas validadas internacionalmente. Entre los tratamientos con mayor evidencia científica destacan la terapia cognitivo-conductual centrada en trauma, EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares), rehabilitación neurocognitiva y tratamientos psicofarmacológicos cuando son necesarios.

Buscar ayuda temprana puede cambiar radicalmente el pronóstico. En Santo Domingo contar con un psiquiatra con experiencia en neuropsicología clínica, rehabilitación neurocognitiva y alta gerencia permite a las familias dominicanas y a los turistas que nos visitan acceder a una atención integral, basada en evidencia científica y adaptada a las necesidades individuales de cada paciente.

La mayor mentira que deja el trauma es hacer creer a la persona que debe cargar sola con su sufrimiento. La realidad es diferente: el cerebro puede sanar, las emociones pueden reorganizarse y la vida puede recuperar su equilibrio. Pedir ayuda no borra el pasado, pero sí puede evitar que siga controlando el futuro. Porque la salud mental es para todos, y reconocer el dolor es el primer paso hacia la recuperación.

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