Jóvenes empresarios españoles desafían la crisis

MADRID, España.- En una atestada oficina del centro de Madrid cinco jóvenes arquitectos que se habían quedado sin empleo a raíz de la feroz crisis económica española trabajan codo a codo frente a computadoras para crear videos 3D con proyectos de construcción en sitios tan distantes como Gran Bretaña, Panamá, Malasia y Zambia.
Los fundadores de Factoría 5, una empresa de diseños digitales, cobraron 2,000 euros (2,700 dólares) el mes pasado por algunos proyectos. Eso es buen dinero para profesionales de un campo tan golpeado por la burbuja de la construcción que muchos arquitectos jóvenes no tienen trabajo, cambiaron de ramo o se fueron al exterior. Uno que se dice afortunado está trabajando como conductor de trenes.
Juan Francisco López, uno de los fundadores de la firma, adoptó otra actitud, una que va en contra de la tradición: al ver que nadie les ofrecía trabajo, López y sus socios decidieron crear una empresa y ofrecer proyectos.
“La arquitectura nunca volverá a ser el negocio que fue alguna vez en España”, declaró López. “Pero nuestra empresa ha ido creciendo de a poco pese a que la economía española se deteriora”.
Con un desempleo del 50% entre los jóvenes, ese sector se ve obligado a apelar al ingenio, la innovación y la creatividad para salir adelante y por ello están surgiendo empresas nuevas de profesionales que se juegan el todo por el todo y asumen riesgos en lugar de tratar de buscar empleo en firmas establecidas. Adoptan así una práctica más común en Estados Unidos que en España y le dan nuevos bríos a la fuerza laboral en un país donde el éxito era asociado con un empleo estable en una firma buena o en un negocio familiar.
Dos socios de Factoría 5 son amigos de Rafael González del Castillo, quien los admira por su decisión de quedarse en España y asumir un riesgo en estos tiempos duros en lugar de ofrecer sus servicios en otros países con economías más sólidas, como hacen tantos otros profesionales cuya partida genera inquietud acerca del futuro del país.
“Somos jóvenes”, expresó González del Castillo, quien terminó sus estudios de arquitectura y espera ansiosamente la aprobación de su tesis. “Somos los mejores para crear cosas nuevas porque tenemos una mentalidad abierta y eso es lo que necesita el mundo ahora: creatividad y cambio”.
España era considerada un país rezagado en la creación de empresas comparado con las otras naciones europeas. Los promotores de nuevas firmas dicen que hay indicios de que las cosas pueden estar cambiando, aunque admiten que no hay estadísticas que lo confirmen. Una cosa es cierta, no obstante: el año pasado hubo un gran incremento en la cantidad de firmas nuevas que buscan capital para comenzar a operar, según la plataforma de inversiones Gust LLC, de Nueva York, que trata de conseguir inversionistas para esas empresas. También subió la cantidad de gente que trabaja por cuenta propia en España, revirtiendo una tendencia de años.
“Es la mentalidad de la gente”, dijo Alex Barrera, cofundador y ex director ejecutivo de Tetuan Valley, una firma de Madrid que dicta cursos de seis semanas para gente que quiere poner negocios. “Voy a universidades y esta es una opción que los estudiantes están considerando ahora, cuando antes nadie pensaba en esto. Solo pensaban en trabajar para una firma grande o para el gobierno. Ahora la gente se da cuenta de que puede armar una compañía en torno a una aplicación para aparatos móviles”.
Nadie cuestiona que la economía española está en medio de una etapa darwiniana en la que solo sobreviven los más fuertes. Y las personas dispuestas y capaces de inventar algo nuevo son las que están en mejores condiciones de quedar bien paradas cuando se supere finalmente la crisis.
“Hay muchos jóvenes, e incluso cuarentones, que intentan abrir negocios nuevos”, declaró José Ramón Pin, profesor de administración de empresas de la IESE Business School de Madrid. “Y hay un proceso de selección natural de empresas en marcha. Las que sobrevivan a la crisis o que empiecen a funcionar durante la crisis tendrán una ventaja: El mercado será de ellas cuando la economía repunte”.
Cuando los arquitectos de Factoría 5 lanzaron su empresa, algunos de sus padres les dijeron que estaban locos. Los jóvenes, todos arquitectos con maestrías en medios digitales, sentían que había espacio para una firma que suministrase contenido de alta tecnología a arquitectos que no conseguían trabajo en España y que estaban haciendo proyectos de diseño para clientes extranjeros. Su única opción era buscar trabajo afuera.
Luego de 18 meses de semanas laborales de 70 horas, con pocos fines de semana libres y de usar medios de transporte público para ir a visitar clientes, el sacrificio está empezando a rendir dividendos: Factoría 5 completó 65 proyectos y está generando dinero, aunque no ganancias.
En los meses malos, no cobran casi nada pero han podido cubrir sus gastos mensuales. En estos momentos están trabajando en videos para promocionar un edificio de oficinas en El Salvador, la sede central de una empresa en Puerto Rico, una mueblería en Madrid y espacios publicitarios para fragancias en Barcelona. Aproximadamente el 90% de sus contratos vienen del exterior.
Los arquitectos se sienten afortunados porque tienen trabajo, pero sufren pensando que jamás podrán construir los edificios que soñaron como estudiantes: museos, edificios de departamentos, oficinas del gobierno.
González del Castillo, quien planea buscar trabajo afuera cuando reciba su licencia, dice que respeta la decisión de sus amigos: “A veces irse afuera es duro, pero tal vez sea más duro quedarse aquí y tratar de salir adelante, cambiando la forma de hacer las cosas”.
En todo el país, jóvenes empresarios que trabajan en distintos proyectos comparten oficinas y hasta secretarias para abaratar costos.
“Muchas de estas personas no tienen esperanzas de conseguir un trabajo tradicional con una empresa española por otros 15 años, pero son gente creativa y deciden crear su propia firma”, expresó Ricardo Ibarra Roca, de 28 años, presidente del Consejo Juvenil Español, que representa a 76 asociaciones de jóvenes.
Lejos del centro de Madrid, en un parque industrial donde hay una cantidad de talleres de automóviles, más de dos docenas de veinteañeros que diseñan aplicaciones, representantes de ventas y editores de contenido trabajan en un espacio abierto para Minube, una firma nueva que ofrece experiencias de viaje a gente de todo el mundo, en distintos idiomas, a través de su portal de internet o de aplicaciones para teléfonos de usos múltiples.
“Esta compañía no existiría probablemente si no estuviésemos en crisis”, declaró su fundador Raúl Jiménez, de 35 años. “La gran oportunidad es la innovación y la crisis ayuda porque saca a la gente de su ámbito”.
Las compañías exitosas generalmente se mudan a mejores edificios, en zonas céntricas, pero Jiménez se trasladó a un edificio a pocas cuadras del parque industrial cuando empezó a faltarle espacio en Minube.
La jornada laboral termina temprano, a las cinco o seis y media de la tarde, y no hay almuerzos de dos horas ni oficinas grandes para los jefes. La vestimenta es informal a todos los niveles.
Sobrevivir a una era de austeridad es un logro especial, dice Jiménez, quien cree que la mentalidad de los españoles hacia le trabajo está cambiando luego de años de bonanza económica.
Señala que en los buenos tiempos la gente dejaba sus trabajos y vivía un tiempo del seguro de desempleo, para luego conseguir otro empleo sin problemas.
“Hace cinco años la gente iba a la playa por seis meses y después se buscaba otro trabajo. Ahora todo el mundo quiere trabajar”, manifestó. “Cuando todo se derrumba, la gente cambia. Nunca vi un espíritu de cambio como el que hay ahora. Tengo amigos que están dejando compañías grandes para experimentar”.

Fuente: Diario Libre.