El futbolista de Costa de Marfil, Yan Diomande compartió un íntimo relato en The Players’ Tribune dedicado a la memoria de su hermana Roxane. En el texto, el jugador del RB Leipzig revive momentos que marcaron su infancia y carrera, mientras expresa el profundo vacío que dejó su fallecimiento en 2025.
En una carta cargada de recuerdos, dolor y amor fraternal, el futbolista revive los momentos que compartió con ella desde su infancia en Abidjan, cuando soñaba con convertirse en una estrella del fútbol vistiendo una camiseta improvisada de Cristiano Ronaldo, hasta los sacrificios, rechazos y obstáculos que tuvo que superar para alcanzar el fútbol profesional.
Pero, por encima de todo, el escrito es una promesa. La promesa de seguir luchando en cada partido para honrar la memoria de quien siempre le aseguró que algún día sería el mejor del mundo.
A continuación, compartimos íntegramente la emotiva carta de Yan Diomande dedicada a su hermana Roxane:
«Querida Roxane,
¿Recuerdas cuando alguien me compró una camiseta falsa del United y le escribí ‘Ronaldo 7’ en la espalda con rotulador negro?
No conocíamos la riqueza o la pobreza. Solo conocíamos la felicidad.
¿Recuerdas cuando éramos 25 personas durmiendo en una misma casa en Abidjan? Mamá quería ver sus novelas y todos los demás queríamos ver películas. Recuerdo que solía hacerme el dormido y después, tras la medianoche, me iba a la sala de la televisión. La encendía y la ponía muy bajita, con un par de barras de volumen. Veía fútbol en la oscuridad y soñaba.
¿Recuerdas cuando los adultos me veían jugar al fútbol en la tierra y me llamaban Roberto Carlos por lo fuerte que disparaba? ¿Y recuerdas lo que rabiaba en silencio porque mi ídolo era CR7?
¿Recuerdas cuando me fui a jugar tan lejos de casa? Tenía nueve años. Al Inter Foot Sud Comoé, prácticamente en la frontera con Ghana. Solo era un niño solitario. No sé si alguna vez te conté esta historia, pero los otros chicos y yo solíamos ir al pueblo a robar patatas porque teníamos mucha hambre. Hicimos un ‘atraco’. Dos niños distrajeron al dueño de la tienda y los otros 18 salimos corriendo con dos patatas. No estaban ni buenas, pero a mí me sabían a gloria, jajaja. Sigue siendo mi comida favorita: patatas hervidas con un poco de aceite. Me recuerda a aquellos tiempos.
¿Recuerdas cuando conseguí mis primeras botas y me iba a dormir con ellas? Cuando crecí seguí jugando con aquellas sandalias de plástico. E incluso cuando vuelvo a casa, aún juego con ellas. Es nuestra tradición.
Recuerdo cuando iba a volver a casa y les decías a mis amigos del barrio: «¿Por qué habéis parado de entrenar? Yan no os va a comprar ningún coche, tenéis que seguir trabajando».
Tenías diez años y ya eras mi agente.
¿Recuerdas cuando nos sentábamos a soñar con mudarnos a Francia? Hablábamos de que iríamos de compras, tendríamos nuestro propio apartamento y yo sería un futbolista rico con coches y una gran casa, y tú no te tendrías que preocupar de nada. Tú eras quien siempre creyó que yo sería el próximo Cristiano cuando los demás se reían.
¿Recuerdas cuando me mudé a Estados Unidos para ir al instituto a los 15 años? Añoraba tanto mi hogar…»
Estuve meses sin entender nada de lo que decía nadie. Un chico francés se sentaba conmigo e intentaba traducirme todo lo que el profesor decía. Recuerdo cuando te llamé diciéndote: «No te lo vas a creer, ¡aquí los niños discuten con los profesores!».
En casa, sabes perfectamente que no nos habríamos atrevido ni a guiñar a nuestros mayores.
¿Recuerdas cuando te dije que me parecía increíble que los niños fumasen después de la escuela?
Tú me solías decir que aquello sonaba como si estuviera en un programa de televisión americano.
¿Recuerdas cuando me llevaron a prueba al Bournemouth? Y al Chelsea, al Rangers, al Olympiacos, al Crystal Palace… Eze y Olise llegaron a venir a hablar conmigo después de un entrenamiento y me dijeron: «Hey, ¡chaval! Eres muy bueno».
Pero aun así, no me ficharon.
No me querían ni en los equipos B de la MLS. No sé por qué. Nunca me dieron una razón. Los adultos lo llevaban todo. También me llevaron por todo Europa y todo el mundo siguió diciendo que no.
Mi visado caducó y mi sueño se había acabado. Me mandaron de vuelta a África y lloramos juntos.
Tú eras la única que nunca dejó de creer. Unas semanas después, fiché por el Leganés y lloramos con lágrimas distintas.
Aquello era cuando solía tener sentimientos. Ahora no siento nada. Es como si no fuera humano. Desde que moriste estoy en blanco.
Creo que no solté ni una lágrima el día que me dijeron que te habías ido. Yo estaba simplemente en ‘shock’.
Fue unas semanas después de debutar con el Leganés. ¿Quién debuta con 18 años contra el Real Madrid? Era una locura, un sueño.
Y entonces llegó la pesadilla. No paraban de llamarme desde casa y me estaban molestando, no entendía por qué insistían.
Cogí el teléfono y no hicieron por suavizarlo ni un poco. Ya sabes cómo son, no muestran sus emociones. Solamente…
«Tu hermana ya no está»
«¿Qué?»
«Ha muerto»
«¿De qué me estás hablando?»
«Alguien le puso algo en la bebida en una fiesta y nunca se despertó. Se ha ido»
Tenías 15 años.
15.
Nunca encontré la respuesta. No sé ni si quiero saber por qué. Quizá era envidia, quizá es solo algo que pasa en nuestro país. Puede que te pudiera haber protegido, no lo sé.
Intento confiar en el plan de Dios, eso es todo lo que hago. No intento olvidar porque sé que no lo haré. Todo lo que puedo hacer es usar ese dolor para trabajar más duro y conseguir todo aquello por lo que soñamos.
Escribí esto porque no soy capaz de hablar de ello. Lo escribí porque quiero que sepas que me aseguraré de que sigas siempre con nosotros, de que todos conozcan tu nombre. El mundo entero.
Todo lo que hago en un campo de fútbol es por ti.
Han pasado tantas cosas desde la última vez que te vi… No te lo creerías. No sé ni si me lo creo yo.
¿Sabes una locura? Después de debutar con el Real Madrid intercambié camisetas con Mbappé. Recuerdo que solíamos verle por la tele y tú decías: «¿Mbappé? Sí, es bueno, pero mi hermano es mejor«.
Estaba equivocado con una cosa. No quiero ser rico. Veo lo que le hace a la gente, incluso a la familia. Cuando estaba en el Leganés, todo lo que ganaba lo enviaba a casa. Llegó a un punto en el que no quería más dinero, era solo una carga para mí. Nunca dejaban de pedir. Supongo que se pensaban que ya era millonario, pero yo no tenía ni un piso. Estaba viviendo en la ciudad deportiva en una habitación sin televisor. Solo fútbol y dormir, fútbol y dormir.
No quería una gran casa. No quería coches. Solo quería darlo todo por el fútbol. Todo para demostrarle al mundo que mi hermana tenía razón…
Ja… Esto te va a parecer gracioso.
Cuando me fui al RB Leipzig siempre llegaba tarde. Bueno, no tarde. Pero era puntual, lo que en Alemania significa que vas muy tarde.
Así que, ¿sabes lo que hice después? Empecé a llegar 90 minutos pronto a todo. Llegaba tan temprano que los chicos empezaron a llamarme ‘El Alemán’.
Siempre tengo que exagerar las cosas, no tengo punto medio. Siempre me decías eso.
El campo es ya el único sitio donde me siento en casa. El lugar donde me siento en calma, donde puedo hablar contigo. Lo único que deseo es que estuvieras aquí para poder decirte «lo hice».
Todo lo que dijiste se hizo real.
Mañana nos vamos al Mundial. De verdad. Tu hermano va a jugar por Costa de Marfil, como Drogba, como Yaya Touré, como Gervinho.
Ya no lo veo como un juego, sino como un escenario. Esta es mi oportunidad de mostrarle al mundo lo que tú viste en mí. Cada vez que marque me aseguraré de que todos conozcan tu nombre. Me aseguraré de que no te olviden.
Siempre dijiste que sería mejor que Cristiano, y si le veo por aquí le saludaré de tu parte.
Haré lo que tú predecías, te lo juro. Antes incluso de que tuviera unas botas de verdad le decías a todo el mundo: «Mi hermano va a ser el mejor del mundo».
Demostraré que estabas en lo cierto o moriré en el intento.
Tu hermano,
Yan».
La carta fue publicada originalmente en The Player´s Tribune