Mis Once Minutos y Yo

Me encontraba sentada mirando fijamente a una rumba de libros empolvados en la esquina de mi habitación, más atrás escuchaba la voz de mi madre darme un ultimátum: “o los regalas o le buscas sitio”. Manos a la obra me dije y comencé a seleccionar los libros que por obligación tendría que regalar. 
Entre el montón encontré uno de mis favoritos “Once Minutos” sacudí sus hojas para oler ese aroma de hojas viejas y empolvadas, recordé haberlo leído en dos días, estaba enamorada o creí estarlo y cada frase tocaba mi alma. Que buenos tiempos y me reí a carcajadas.
El AMOR, una palabra tan simple de solo cuatro letras que nos hace sentir tanto y cometer tantas locuras, curioso que en nuestro andar por la vida encontramos diferentes etapas de amores, el amor de secundaria y las emociones pariguayas que sentíamos no son las mismas que sentimos ya un poquito más adultos, cuando sabemos lo que queremos y dejamos que esas emociones se conviertan de placeres a problemas. Por mi parte me gustaba más la etapa pariguaya, los besitos a escondidas, ir al parque, comer helado y sentarme en el único mueble de mi casa a comer gallina.
Once Minutos me hizo entender que nadie es dueño de nada, todo es una ilusión, entonces si nada te pertenece no tienes nada que perder. El amor es la verdadera experiencia de la libertad, lo mejor del mundo es tenerlo todo sin poseerlo. 
Ama porque te sale del alma, decir un te quiero porque te nazca del corazón, no esperes nada de vuelta, esa es la clave “hacer las cosas sin esperar nada a cambio” porque cada quien es diferente, por lo tanto a las personas hay que dejarlas ser ellas mismas, dejar las cosas fluir. El amor puede convertirse en una fuente de sufrimiento cuando te enfocas en esperar demasiado de las personas.
Y es cierto que el amor no está en el otro, esta en nosotros mismos, nosotros lo despertamos. Pero para despertarlo necesitamos del otro por que el universo solo tiene sentido cuando tenemos con quien compartir nuestras emociones.
Recuerden que las oportunidades están hechas para aprovecharse.
Yo por mi parte seguiré despolvando mis libros, me despido con mi frase favorita: “No soy un cuerpo que tiene alma, soy un alma con una parte visible llamada cuerpo.”

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