Un doblete sísmico sacudió Venezuela este miércoles, un fenómeno geológico menos frecuente que las réplicas tradicionales y que se produce cuando la rotura de una falla desencadena la de otro segmento de la misma o de una falla muy próxima. Los sismos, de magnitudes 7,2 y 7,5, se registraron con apenas 40 segundos de diferencia a 23 y 28 kilómetros de distancia de la localidad de Yumare, según los datos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). Este tipo de eventos sísmicos resulta especialmente complejo tanto para su análisis científico como para la población afectada.
Lucía Lozano, sismóloga de la Red Sísmica Nacional española, ha explicado a EFE que el doblete sísmico sucede cuando coinciden «dos terremotos de magnitud muy parecida, muy seguidos en el tiempo y muy próximos en el espacio». La experta señala que «no es tan habitual» este tipo de eventos y que lo más frecuente es que haya un terremoto principal que rompa a lo largo de toda una falla, liberando la tensión acumulada en la corteza terrestre en forma de una única ruptura significativa.
Sin embargo, en ocasiones, esa primera ruptura puede desencadenar procesos adicionales. «Pero esto puede desencadenar a veces que en otro segmento de esa misma falla, o en una falla muy próxima, se disparen otros terremotos, como ha pasado ahora en Venezuela«, indica la sismóloga. Según la especialista, esto indica que toda esa zona de ruptura es muy compleja, con procesos de interacción entre las fallas, y por eso se pueden desencadenar dos terremotos así, muy grandes.
Aunque no es un fenómeno frecuente, se han registrado otros casos de doblete sísmico en distintas regiones del planeta. Lucía Lozano menciona otro episodio también en Venezuela, con «dos terremotos muy seguidos en septiembre de 2024, pero de magnitudes más pequeñas, de 6,2 y 6,3». Asimismo, la experta recuerda un caso significativo ocurrido en Pakistán en 1997, donde se registraron sismos de magnitud 7,0 y 6,8 en condiciones similares de proximidad temporal y espacial.
Estos episodios demuestran que, aunque poco comunes, los dobletes sísmicos pueden producirse en zonas de límite entre placas tectónicas con sistemas de fallas complejos. La interacción entre diferentes segmentos de falla o entre fallas muy cercanas genera condiciones propicias para que, tras una primera ruptura importante, se desencadene una segunda de magnitud comparable en cuestión de segundos o minutos.
Uno de los aspectos más complejos de los dobletes sísmicos radica en su detección y análisis. Lucía Lozano indica que, al ser tan seguidos en el tiempo, a veces resulta complicado distinguir un terremoto de otro. «En los registros se mezclan las ondas. A no ser que los equipos de medida estén muy cerca y se vea más la diferencia de las señales», apunta la especialista.
Esta dificultad no afecta únicamente a los sismólogos: también las personas que padecen un doblete sísmico pueden creer que se trata de un solo temblor. «La población siente sacudidas muy fuertes, muy seguidas, y se puede pensar que se trata del mismo terremoto«, añade la experta. Esta percepción resulta comprensible dado que el intervalo entre ambos eventos puede ser de apenas unos segundos, insuficiente para que las personas afectadas puedan diferenciar claramente entre un sismo y otro.
La especialista indica que lo más significativo de unos terremotos de magnitud tan grande «es que realmente no rompen un punto, sino que normalmente rompen un área«. Estos sismos no están localizados en un punto en concreto, sino que rompen a lo largo de una falla, afectando a extensiones territoriales considerables.
«Para estas magnitudes, podemos estar hablando de longitudes de 150 kilómetros de ruptura, por unos 20 o 40 kilómetros de ancho. Es un área muy grande», señala Lozano. Esta dimensión de la ruptura explica por qué los efectos de estos terremotos pueden sentirse en regiones muy amplias y por qué el potencial destructivo resulta tan elevado, afectando no solo a la zona epicentral sino a territorios situados a decenas de kilómetros de distancia.
El USGS ha estimado entre 10.000 y 100.000 posibles fallecidos por este episodio, una horquilla amplia que la sismóloga explica señalando la complejidad de estos cálculos. «Aparte de las magnitudes, tienen que tener información de las intensidades, de ecuaciones de predicción de movimiento del suelo, de cómo se propagan las zonas de la geología de la zona», expone.
Además, los expertos deben considerar información sobre la población, la vulnerabilidad de los edificios y de las construcciones. «Es una combinación de muchos datos y no todos se conocen con exactitud, por eso los rangos de variabilidad son tan amplios», añade la especialista. Factores como la densidad de población, la hora del día en que ocurre el terremoto, la calidad de las construcciones y el cumplimiento de normativas antisísmicas resultan determinantes para calcular el número de víctimas potenciales.
Respecto a posibles réplicas, Lucía Lozano indica que «con terremotos de estas magnitudes lo esperable es que la sismicidad continúe en los próximos días, semanas y meses, incluso a lo largo de un año». La experta señala que lo habitual es que el número de terremotos vaya disminuyendo con el tiempo, aunque no se pueden descartar réplicas de magnitud elevada.
Esta predicción resulta especialmente relevante para la población afectada y para las autoridades, ya que las réplicas pueden causar daños adicionales en estructuras ya debilitadas por los sismos principales. La vigilancia continua y los sistemas de alerta temprana resultan esenciales durante este periodo de actividad sísmica elevada que puede prolongarse durante meses.
La zona del Caribe afectada «tiene una actividad sísmica importante, sin ser de las de mayor tasa», según explica la experta. Los terremotos del miércoles «han ocurrido en una zona de límite de la placa del Caribe con la placa de Sudamérica«. El área tiene sistemas de grandes fallas de desgarre y es esperable que se den en ellas terremotos importantes.
Fuente: Agencias internacionales