
Por: Oliver Roosevelt Sánchez Guillén
Una onda tropical, también llamada onda del este o africana, es una perturbación atmosférica que se desarrolla en las capas bajas y medias de la tropósfera (la capa más superficial de la atmósfera). Estos fenómenos nacen en el continente africano y recorren miles de kilómetros durante días o semanas, impulsados de este a oeste a través del Atlántico tropical por los vientos alisios, a una velocidad promedio de 25 a 40 km/h. Año tras año, estas ondas se consolidan como una de las principales fuentes de lluvia para la región del Caribe, Centroamérica y el sur de los Estados Unidos.
La temporada de estos fenómenos se extiende de mayo a noviembre, coincidiendo con la temporada ciclónica. Anualmente se forman entre 30 y 60 ondas tropicales, las cuales juegan un rol crucial en la formación de ciclones de la cuenca del Atlántico y el Pacífico oriental y central: cerca del 60% de los huracanes de categoría 1 y 2, y aproximadamente el 85% de los huracanes mayores (categorías 3, 4 o 5), tienen su origen en ellas. Históricos y devastadores ciclones como David (1979), Georges (1998), Irma y María (2017), y Melissa (2025) comenzaron su vida como simples perturbaciones de este tipo.
El nacimiento de estas ondas se debe a las condiciones geográficas y climáticas únicas de África. El factor clave es el choque térmico entre el aire seco y cálido del desierto del Sahara y el aire más frío y húmedo de la selva africana y el Atlántico. Esta interacción, potenciada por una corriente de vientos en la tropósfera media conocida como el Chorro Africano del Este y el relieve de las montañas del continente, genera las ondulaciones en los vientos alisios que dan origen al fenómeno.
Para que una onda tropical evolucione y se transforme en un ciclón, necesita un entorno con condiciones muy específicas: temperaturas en la superficie del mar de al menos 26 °C, baja cizalladura (poca variación del viento con la altura), aire cálido y húmedo, e inestabilidad atmosférica. Además, cuando se aproximan al Caribe, en muchas ocasiones suelen interactuar con vaguadas en la alta tropósfera, lo que provoca un «estallido convectivo», un proceso que acelera el ascenso de la humedad y genera intensas zonas de tronadas y tormentas.
Es fundamental diferenciar una onda tropical de un ciclón. Para completar su transición a ciclón, la onda debe desarrollar una circulación de vientos cerrada alrededor de un centro de baja presión y mantener lluvias persistentes. No obstante, una onda tropical por sí sola puede ser muy peligrosa, ya que es capaz de generar vientos con fuerza de tormenta tropical antes de organizarse formalmente. Un ejemplo de esto ocurrió en 2003 con el sistema que dio origen al huracán Claudette, el cual registró vientos de hasta 72 km/h mucho antes de ser clasificado oficialmente.
El autor de este artículo es divulgador científico, articulista y comunicador especializado en meteorología y sismología. Residente en Santiago de los Caballeros.
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