Una tormenta invernal de gran magnitud continúa avanzando este lunes por amplias regiones de Estados Unidos, dejando un saldo preliminar de al menos 10 personas fallecidas, extensos cortes de electricidad, paralización del transporte aéreo y llamados generalizados de las autoridades a permanecer en casa ante el riesgo extremo.
El fenómeno, calificado por el Servicio Nacional de Meteorología (NWS) como uno de los episodios invernales más severos en décadas, ha provocado nevadas intensas, acumulaciones de hielo y temperaturas peligrosamente bajas, con impactos que podrían extenderse durante varios días. Meteorólogos advierten que las superficies seguirán congeladas debido a ciclos continuos de recongelación, aumentando el peligro tanto para peatones como para conductores.
Las muertes reportadas se concentran en el sur y noreste del país, regiones poco habituadas a eventos de este tipo. En Texas, las autoridades confirmaron tres fallecidos, entre ellos una menor de 16 años que perdió la vida en un accidente relacionado con un trineo.
En Luisiana, el Departamento de Salud informó la muerte de dos personas por hipotermia.
En Nueva York, el alcalde Zohran Mamdani indicó que cinco personas fueron halladas sin vida al aire libre durante el fin de semana, en medio de temperaturas gélidas. Aunque evitó atribuir oficialmente las muertes al clima, advirtió que el frío extremo representa un riesgo mortal evidente.
El impacto sobre la infraestructura eléctrica ha sido severo. En Tennessee, el hielo derribó líneas de transmisión, dejando a más de 300,000 clientes sin servicio. Luisiana, Misisipi y Georgia, estados donde estas tormentas son poco frecuentes, registraron cada uno más de 100,000 interrupciones eléctricas.
Según el sitio PowerOutage.us, la noche del domingo había más de 840,000 usuarios sin electricidad en todo el país, principalmente en el sur, donde la tormenta comenzó el sábado. También se reportaron decenas de miles de afectados en Kentucky y Georgia. Las autoridades advirtieron que estos cortes son especialmente peligrosos debido al frío inusual, que podría alcanzar niveles récord.
Al menos 20 estados y el Distrito de Columbia declararon estado de emergencia. Gobernadores y autoridades locales desde Texas hasta Carolina del Norte y Nueva York exhortaron a la población a evitar desplazamientos innecesarios.
El sistema aéreo sufrió un fuerte impacto. Aeropuertos en Washington, Filadelfia y Nueva York cancelaron casi todos los vuelos del día. Durante el fin de semana, más de 19,000 vuelos con origen o destino en Estados Unidos fueron cancelados, y miles más registraron retrasos, de acuerdo con FlightAware. Para este lunes, ya se habían anulado cerca de 2,500 vuelos adicionales.
Las oficinas federales permanecerán cerradas de manera preventiva, mientras que en numerosas ciudades se reportaron supermercados con estantes vacíos, ante la compra masiva de provisiones.
El NWS describió el evento como “inusualmente extenso y de larga duración”, impulsado por una masa de aire ártico procedente de Canadá. Además de afectar el sur y el centro del país, se reportaron fuertes nevadas en estados como Kansas, Oklahoma y Misuri, donde algunas zonas superaron los 20 centímetros de nieve acumulada.
El presidente Donald Trump, desde la Casa Blanca, aseguró que su administración mantiene contacto constante con los estados afectados y pidió a la población mantenerse a salvo. No obstante, también aprovechó la situación para ironizar sobre el cambio climático, comentario que contrastó con las advertencias de la comunidad científica.
Expertos señalan que las alteraciones del vórtice polar, responsables de empujar aire ártico hacia latitudes más bajas, se han vuelto más frecuentes en las últimas dos décadas, aumentando la probabilidad de eventos extremos como el actual.