Por: Oliver Roosevelt
La República Dominicana, incluyendo la región del Cibao, se caracteriza por presentar una alta tasa de sismicidad anual, debido a la presencia de numerosas fallas geológicas activas.
La Zona de Falla Septentrional (ZFS) está formada por un conglomerado de fallas activas, tratándose de la más importante y extensa de nuestro país, con una longitud aproximada de 228 km (dentro del territorio dominicano).
Atraviesa el norte del país, desde la Bahía de Samaná hasta la Bahía de Manzanillo en Montecristi, y ha sido la responsable de importantes terremotos en el pasado.
La región cibaeña sería la más afectada ante un sismo de gran magnitud generado por la Falla Septentrional. Santiago de los Caballeros, “Ciudad Corazón”, San Francisco de Macorís, Concepción de La Vega, Salcedo, Moca, Nagua y muchos otros municipios importantes, se han establecido a pocos kilómetros de distancia de esta fuente sismogénica.
Solamente en Santiago de los Caballeros, viven cerca de 771,748 personas; San Francisco de Macorís posee alrededor de 202,716 habitantes, y Concepción de La Vega tiene aproximadamente 282,055, según datos del censo nacional realizado en 2022.
En las tres localidades citadas anteriormente, la población supera el millón doscientas mil personas, lo que nos brinda una idea de la enorme cantidad de habitantes que residen en las cercanías de la Zona de Falla Septentrional. Personalidades destacadas en el ámbito de la geología y sismología, entre ellas, Carol Prentice, Paul Mann, Eric Calais, entre otras, han catalogado la falla como “muy peligrosa” para la población dominicana, en especial, para quienes habitan en la cuenca del Valle del Cibao. Este conjunto de expertos estima que dicha estructura sismogénica tiene potencial para producir un sismo de magnitud superior a 7,0.
En junio de 1995, Prentice, del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), junto a un grupo de especialistas, llevaron a cabo un estudio paleosísmico profundo en el tramo central de la Zona de Falla Septentrional, (entre las comunidades de Licey y Cenoví). Dicho estudio, publicado en la revista “Tectonofísica”, determinó que el último gran terremoto en esa porción de la falla tuvo lugar alrededor del año 1200 después de Cristo. Esto significa que hace más de 820 años que no se libera gran cantidad de energía en esta parte.
Teniendo en cuenta la tasa promedio de desplazamiento (entre 6 a 12 milímetros por año), se calcula que existen aproximadamente de 4 a 9 metros de deformación en el terreno.
De liberarse toda esa energía en un solo terremoto, podría dar lugar a la ocurrencia de un temblor de hasta magnitud 8.0, e incluso mayor.
Otro agravante son los suelos limosos y arcillosos que abundan en el Cibao, los cuales suelen amplificar las ondas sísmicas al momento de la ocurrencia de un movimiento telúrico.
Durante un sismo, se liberan cuatro tipos de ondas principales (internas y superficiales), denominadas: Ondas P, S, R y L.
Las ondas (P) o primarias, son las primeras en llegar, debido a que viajan mucho más rápido (entre 5 y 6 kilómetros por segundo dependiendo del tipo de suelo). Luego de estas, arriban las ondas (S) u ondas de corte, las mismas transitan a velocidades que van entre los 3 y 4 kilómetros por segundo.
El problema con los suelos blandos es que, al instante de que las ondas sísmicas los atraviesan, se ralentizan y, a su vez, amplifican su tamaño, aumentando su potencial destructivo y prolongando el tiempo de la sacudida sísmica.
Un ejemplo notable fue el terremoto de México, acontecido en el año 1985, con epicentro próximo a la costa del Pacífico. Sus ondas encontraron un terreno blando en Ciudad de México (más o menos a unos 350 km de distancia), suscitando daños catastróficos y dejando un saldo de fallecidos estimado entre 2.000 y 40.000. Otro evento fue el terremoto de Haití en 2010, en donde suelos poco rígidos y malas construcciones provocaron entre 200.000 a 316.000 muertes.
La infraestructura en el Cibao, especialmente en Santiago, ha crecido de manera exponencial en las últimas décadas, con torres de apartamentos que superan los 30 pisos. Sin embargo, es considerable el número de construcciones establecidas sin cumplir con los requisitos de construcción necesarios, y que pueden verse severamente afectadas cuando ocurra una sacudida de gran envergadura, ya sea en la Zona de Falla Septentrional, o en otras fallas vecinas a esta porción de la geografía dominicana.