Haití no necesita de esos salvadores

Teleuniverso

Por: Ramón Antonio Veras.

I.- Deseo de alcanzar pacíficamente el poder político. Necesidad de las movilizaciones populares

1.- Nunca, jamás, en ningún momento, los grupos que históricamente han controlado el poder del Estado, se lo han entregado voluntariamente al pueblo, como fuera lo ideal. Gustosamente, de manera espontánea, el gobierno no ha pasado de la dirección de la minoría a la administración de las grandes mayorías. Siempre ha estado de por medio lo obligado, lo forzoso.

2.- Lo deseable es que el cambio económico y social se produzca pacíficamente, con suma serenidad, sin que nadie se sienta molesto, que no haga acto de presencia la belicosidad y que todo resulte en hermosa armonía.

3.- Si las clases minoritarias soltaran alegremente el poder, la mayoría, el pueblo, se evitaría  verse en la necesidad de pasar, de la paz del hambre, a la brega por la comida, por la subsistencia.

4.- Las masas populares rechazan los métodos violentos. Ellas aspiran a recibir pacíficamente el Estado, sin combate frontal; alejadas de las peleas agresivas clasistas que traen fatales consecuencias.

5.- A los pueblos les vemos cómo tranquilamente van a las urnas a depositar sus votos para legalizar la democracia representativa y sus instituciones y, por vía de consecuencia, a darle vida al sistema social que les oprime.

6.- Pero llega un momento que, mujeres y hombres, cansados de mal vivir en condición de marginados sociales, cambian la forma de pugnar por alcanzar el poder político, y dejan de depositar su voto en la urna, por la disputa activa, el enfrentamiento mediante las movilizaciones de masas en las calles.

7.- La fuerza del pueblo humilde y trabajador, reside en su accionar; en su permanente desplazamiento, reclamando su derecho a una existencia digna. Su mudanza de un lugar a otro; marchando, levantando sus consignas, hace que los de abajo hagan sentir su vigor y compatibilidad.

8.- Movilizar hace posible sumar; incorporar aliados; accionar para generar cambios, y así modificar el orden establecido, el cual es una traba para el desarrollo de nuevas fuerzas productivas para el progreso nacional.

II.- Cuando termina la paz social, comienza la tirantez

9.- La aparente paz social que impera en una sociedad basada en la desigualdad de oportunidades, de un momento a otro, como es de esperar, se convierte en un conflicto, se da un choque de clases que concluye en una crisis que les genera sobrecogimiento a los que hasta ese momento estaban muy tranquilos deleitándose, saboreando la dulzura del mando político sistémico.

10.- Una vez desaparece el mesurar, y los de abajo se intranquilizan de tal manera que se convierten en insubordinados contra el statu quo, entonces los olvidados de ayer, hoy son tomados en cuenta.

11.- En toda sociedad policlasista,  resulta imposible que se eternice la tolerancia de los oprimidos, porque rebelarse contra la opresión será siempre la respuesta al estrujamiento, a la asfixia que ya se hizo insoportable.

12.- Precisamente, lo que ahora ocurre en Haití, es la expresión de la exasperación, la indignación del pueblo más pobre en América Latina y el Caribe. No estamos hablando de la sublevación de una clase media acomodada, sino de millones de pobres enardecidos, ya hastiados de tanta miseria acumulada.

13.- El estado de pobreza que padecen los haitianos, no es de ahora, viene de lejos, pero nunca se escuchó una voz diciendo que había que intervenir en Haití para eliminar la indigencia.

14.- La horripilante miseria que sufren hombres y mujeres en Haití, y la opulencia de que disfruta una minoría, no debe continuar como hasta ahora. El pueblo haitiano está llamado a ponerle fin a tanto sufrimiento y desprecio.

15.- Aquellos que han llevado encima sus penurias, sin que apareciera un redentor, no necesitan ahora un árbitro para hacer el papel de bombero social. Los organismos internacionales nunca se ocuparon de lo que se llama pueblo haitiano.

III.- Los haitianos no necesitan de mediadores de ocasión

16.- Haitianas y haitianos, tienen la suficiente capacidad para solucionar sus problemas, y no necesitan de los que hoy, cuando la lucha social se ha hecho áspera, quieren llegar a Haití, a apartar, a separar a los que están enfrentados porque ya no pueden permanecer juntos.

17.- Es posible que en Haití quieran hacer acto de presencia los mismos que en 1965, llegaron a la República Dominicana, bajo el alegato de apaciguar, pero lo que hicieron fue aislar a los que ya lucían triunfadores, hasta lograr arrinconarles y obligarles a negociar a fuego de morteros.

18.- Lo que se está diseñando para Haití, es aplacar a los que se levantaron, para así proteger a unos, y a otros ahuyentarles, hacerles huir mediante la metralla. De todas formas, lo que se quiere es volver a la situación anterior, sin importar que sea matando haitianos, espantándoles o asustándoles.

19.- Bajo cualquier circunstancia, se ve mal, deja un sabor amargo, la injerencia de uno o varios países en los asuntos internos de Haití, sin importar que sea por la fuerza, en forma individual o colectiva, abierta o disimulada.

20.- No se ve bien, es algo inaceptable que se quiera atemorizar, de una u otra manera, a un pueblo que busca crear un nuevo orden social, o cambiar el modelo económico vigente que solo ha generado opresión material y espiritual.

21.- La estructura económica atrasada y dependiente que predomina en Haití, representa una traba para el progreso y desarrollo humano y, por tanto, su sustitución es imperiosa

22.- Lo que se impone es que haitianos y haitianas, resuelvan de la forma que consideren de lugar la situación interna de su país, sin la intervención de ninguna potencia u organismo internacional.

 

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