• Sáb. Jul 2nd, 2022

La realidad del ambiente donde vivimos

May 13, 2022

Por: Ramón Antonio Veras.

I.- Este ambiente es adecuado para simuladores

1.- No es más  que un contrasentido, algo fuera de toda lógica,  pretender vivir en un  ambiente de decencia, allí donde se motiva el desarrollo de la suciedad.  Estimular la deshonestidad, impulsa la desvergüenza.

2.- El medio social dominicano, no tiene forma de cómo mandar un mensaje de integridad a los integrantes de la sociedad dominicana de hoy. La prédica de la inmoralidad cautiva a los ausentes de probidad.

3.- Allí donde se le da base de sustentación a un modelo económico que descansa en la desigualdad de oportunidades para todas y todos, lo más normal es que se acepten como bienvenidas sus lacras.

4.- Es puro fingimiento de sentimientos, alta hipocresía, manifestar sorpresa por el hecho de que, en nuestro país, una menor de edad confiesa ser adicta a los estupefacientes y habitualmente ejerce la prostitución.

5.-   Es un ambiente ideal para mojigatos, como el dominicano de hoy, aquel donde abundan ideólogos del sistema que simulan hacer escrúpulos de los mismos vicios sociales que se alimentan económicamente. Aparentan sorprenderse de la misma perversión que les amamanta.

6.- Solamente risa debe motivar el hecho de determinados sectores sociales, que aquí ven como inmoral que una menor venda sexo, pero santifican el tráfico de drogas narcóticas, el comercio de órganos humanos y especulan con la prostitución infantil.

II.- Ante los males sociales, nada de indiferencia

7.- Cuando una ciudadana o un ciudadano comprueba que en el seno de la sociedad algo funciona mal, lo que procede es enfrentarlo, y no hacer causa común con lo dañino, ni comportarse con indiferencia.

8.- En nuestro país, toda persona que tiene un mínimo de inteligencia conoce o está informada de lo que es el fundamento u origen de todo lo que daña al pueblo dominicano.

9.- Las feas manchas que vivamente lesionan a las grandes mayorías nacionales dominicanas,   no han sido enviadas como maldición divina, sino que son la consecuencia, los resultados de un ordenamiento económico y social injusto.

  1. Ese mismo orden improcedente e inicuo, es el que mantiene a la mayoría de los dominicanos y las dominicanas, viviendo, no solamente en estado de pobreza, sino también en un fango social.

11.- Por más maniobras que hagan los aprovechados del poder, quiérase o no, la mugre que es la sociedad dominicana actual, con sus subproductos sociales que le son inherentes, en la medida que beneficia a una minoría, daña y causa vergüenza a lo que en verdad se llama pueblo

12.- Por más que se quiera aromatizar el modelo económico que padecemos, el medio social nacional dominicano apesta, y su fetidez llega a los pocos que viven de la hediondez, como también a los muchos que les causa hastío.

13.- La repugnancia, el disgusto bajo el cual vive marchitado nuestro pueblo, se comprueba sin el mayor esfuerzo. Basta con tener un mínimo de sensibilidad y humanizarse aunque sea momentáneamente.

III.- La transformación aquí es inexorable

14.- El floreciente, el nacimiento de la felicidad de los que aquí son los más, el pueblo, no les llegará por piedad de quiénes hoy se sienten a gusto bajo el estado de bienestar de que gozan, sino  por el accionar de quienes no comulgan con el horrible medio donde hoy avergonzados vivimos.

15.- La miopía política no impide a las personas sensatas apreciar la existencia de la realidad exterior del país, es decir, de las degradantes condiciones materiales y espirituales bajo las cuales estamos viviendo, en lo social, ético y moral.

16.- Lo que pinta la existencia   dominicana actual es que, por más que  la minoría trate de mantenerse como hasta ahora, le será imposible conseguir confabulación, buscar convergencia con quienes se identifican con un proceso de renovación social verdadero.

17.- Las contradicciones presentes en nuestro país, son de una naturaleza tal, que solamente conducen a un rompimiento, porque la podredumbre ha llegado a un nivel tan hondo, que hace imposible el sostenimiento de tantas y tantas iniquidades juntas.

18.- Aunque a los procesos sociales es imposible ponerles fecha de llegada, lo ideal fuera que las transformaciones económicas, sociales, éticas y morales que necesitamos y merecemos, lleguen sin traumas y lo más pronto posible.

19.- La materialidad dominicana, no es para dar demostración exagerada de admiración. Basta con proceder armado de sentido común para saber que no está muy lejano el día que el pueblo termine de ser yunque, para convertirse en martillo.

20.- No se detienen los procesos sociales por el desprecio contra el pueblo; por la ignorancia que se les imponga a los oprimidos, ni por muy profundo y dañino que sea el fenómeno de la corrupción. El cambio de un sistema viejo por uno nuevo, es inexorable.